viernes, 13 de mayo de 2016

 Curso intensivo de enfermeria


Hay semanas que vamos 3 dias, otras 4.Se trata de que el enfermo aprenda a hacerse la diálisis en casa. De manera autónoma.Tengo la inmensa suerte de ir acompañada. Cova me lleva, me trae, me soporta… Asi que la sala de espera de díalisis peritoneal nos resulta muy familiar.  Mientras estamos allí sentadas  nos reimos, miramos a los otros, nos perdemos y disfrutamos de estar juntas. Es una manera distinta de fortalecer nuestra amistad ( en este caso ella da y yo recibo). Luego, dentro todo es diferente.
Yo que siempre tuve de mi misma la imagen de  agerrida y hasta un poco macarra me vuelvo melindres . Me impresiona lo que veo, el tubo colgando, el líquido entrando y saliendo. Y me duele. Asi que de vez en cuando, en medio de las prácticas, me mareo y tienen que ponerme patas arriba. Todo un numerito. Yo consigo balbucear que no, que esa no soy yo. Que yo soy fuerte y eso no me afecta, que es el calor, o la mascarilla, que comí o que no comí -según- que es la postura, que ya casi se me pasó y que no fue nada…y me da un poco de vergüenza.
Nos enseñaron a resistir, a no quejarnos, a ser “valientes” a enfrentarnos a los miedos como soldaditos de plomo que  ni sienten ni padecen, como vaqueritos de plástico con los que jugábamos de pequeños. Inasequibles al desaliento, gladiators modernos…toda una suerte de soberbia ( yo soy mucho más que mi cuerpo).
Pero a veces la circunstancia puede con nosotros, nuestro cuerpo nos dice “hasta aqui llegué” y aunque nos resistimos con uñas y dientes, aunque no queremos admitirlo (cómo puedo ser tan vulnerable) la vida nos muestra la verdad. Y después, cuando uno vuelve a casa, y lo piensa y ya pasó y no te duele ya nada y estas más tranquila, descubres ( en realidad miras para ello,siempre estuvo ahi) que bajar la cabeza, escuchar de vez en cuando al cuerpo, funcionar con más humildad, asumir que a veces manda él ( aunque pocas veces queremos oirlo y mucho menos hacerle caso) te devuelve un poco de paz y piensas ¡sea!  dejas de pelear y (casi) aceptas.

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